Después de compartir ocho años y medio de noviazgo, Natalia Muñoz y Rubén Proa decidieron sellar su amor con una boda de ensueño. El día de su enlace comenzó con una emotiva ceremonia religiosa en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde, rodeados del cariño de sus familiares y amigos, se prometieron amor eterno. Al concluir la ceremonia, los recién casados se dirigieron al jardín Lago Escondido, un escenario mágico adornado con delicados arreglos florales, gigantes esferas brillantes, luces cálidas y una exclusiva barra de coctelería de autor servida por Alex Padilla. La música en vivo añadió un toque especial a la velada. A su llegada, los invitados felicitaron a Natalia y Rubén, expresándoles sus mejores deseos en esta nueva etapa. La noche continuó con la espectacular entrada de los esposos, quienes, entre aplausos y chisperos artificiales, hicieron su aparición al ritmo de la canción «September». Después de un exquisito menú servido por Focaccia, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche: el vals familiar, seguido del primer vals como esposos de Natalia y Rubén, al compás de «Perdidos en la noche», de Diego Torres. La celebración se destacó por momentos de alegría, amor y diversión, dejando en el corazón de todos un recuerdo imborrable. Ahora, los recién casados están listos para vivir una romántica luna de miel por los paisajes de Japón y Tailandia, donde seguirán escribiendo su historia de amor.




































































































